42 años del Teatro Universitario Expresión

UNA REFLEXIÓN SOBRE LOS 42 AÑOS DEL TEATRO

UNIVERSITARIO EXPRESIÓN

Iván Vera-Pinto Soto
Cientista social, pedagogo y teatrista

La historia del Teatro Universitario Expresión, creado el 9 de septiembre de 1979, por el profesor Iván Vera-Pinto Soto, está matizada de altos y bajos, como reflejo de las condiciones de este quehacer conectado con una vida universitaria, la cual ha experimentado aciertos, crisis y embates, propios de una institucionalidad de provincia que brega por su auto sostenimiento y por erigirse como faro que guíe y cambie las perspectivas de la mayoría de los educandos del país.

Dentro de ese panorama, la Sede Iquique de la Universidad de Chile funda esta compañía como una instancia que colabore a la labor pedagógica de los futuros profesionales, con el criterio que estos puedan tener un acercamiento a otras áreas del conocimiento y, preferentemente, destinado para su recreación.

Es evidente que en ningún caso la Casa de Bello admite la conformación de un elenco profesional estable ni menos la existencia de un centro o una especialidad de estudio para potenciales interesados en la ciudad. Por tal razón, no existe un compromiso corporativo por otorgar un financiamiento especial para estas labores artísticas. Dicha situación va ser decidora en el alcance y nivel de desarrollo que logre el Teatro Expresión en sus primeros años. Es más, con todos los lustres que tiene de actividad ininterrumpida y de ser un referente del teatro regional, no ha sido lo suficientemente determinante para que la universidad ofrezca una carrera en esta especialidad y profesionalice este trabajo.

De ahí que, la institucionalización del conjunto teatral se ha dado más bien por hecho que por derecho. Recién el año 1999, en el seno de la Universidad Arturo Prat, la compañía adopta la condición formal y se le asignan ciertos recursos materiales y financieros para los montajes y otras tareas. Estas condiciones restringidas, sin duda, han imposibilitado conformar un elenco profesional (contratado), capacitar y perfeccionar a sus miembros, entre otras metas insatisfechas.

Elenco Las voces de los callados
Elenco “Las voces de los callados”

Aparte de lo planteado, consignamos que su producción artística ha estado, especialmente en sus primeras etapas, sujeta al criterio de la autoridad de turno, la que en algunos períodos ha deslegitimizado al teatro (período de dictadura); y, en otro en cambio (regreso de la democracia), lo ha legitimado. Lógicamente que la legitimación y la deslegitimación son referentes que describen la relación del teatro universitario con otros ámbitos del medio en el que esta agrupación interactúa.

En todo caso, es necesario señalar que, paralelamente, a la legitimación institucional también opera otra dinámica: la autolegitimación, estimulada por la acción de sus líderes e integrantes. Ella se ha visto reforzada en la medida que la compañía ha ganado presencia en la comunidad local y nacional y por la calidad de sus productos a lo largo de su existencia. Sin perjuicio de lo anterior, el Teatro Expresión – de acuerdo con los antecedentes revisados – ha logrado, fruto de la sinergia colectiva, efectivos resultados e impacto en su medio, cuestiones que se patentizan en 90 montajes escénicos, giras nacionales e internacionales, premios y distinciones y numerosas acciones de vinculación con el medio.

De la misma manera, ha mantenido una relación directa con la universidad, en tanto el campo de su acción escénica y social ha sido amparado por la misma, adquiriendo, por cierto, la calidad de proyecto educativo y artístico institucional. A su vez, de manera simultánea, el colectivo ha sido capaz, de acuerdo con el momento de su funcionamiento, proponer sus propias directrices y programas de acción. En síntesis, el lugar que ha ocupado el teatro en esta Casa de Estudios ha estado sujeto a los vaivenes históricos experimentados por la entidad educativa y a las condiciones políticas vigentes en Chile.

Por consiguiente, podemos colegir que su vínculo y su legitimación no han sido homogéneos, razones por las cuales se han dado distintas maneras, tensiones e intensidades de procesos que se reflejan en su devenir histórico.

Es innegable que para hacer una reseña de su trayectoria no solo debiéramos construirla a partir de sus intérpretes, directores, obras y demás productos, todos los cuales por supuesto tienen sus propios méritos, sino también desde la relación e impacto que esta organización ha tenido en la localidad donde está inserta; es decir, corresponde analizarla como un hecho social, político y cultural, el que muchas veces ha tenido que navegar en contra corriente de las políticas del estado nacional. Como observamos en el copioso registro de actividades, el Teatro Expresión ha marcado dinámicas de interacción de acuerdo con los momentos históricos del país, proponiendo espacios de democratización del arte escénico.

teatro universitario expresión

De este modo, año tras año, ha superado escollos de toda índole, bajo parámetros de referencia serios, sin perder de vista los principios básicos establecidos en su origen. A saber: primero, centralizado en la universidad, con una capacidad de establecer espacios formativos y de perfeccionamiento, mediante la realización de cursos, seminarios y talleres, cuyos receptores han sido los estudiantes y los distintos segmentos sociales de Iquique. Segundo, orientado hacia una apuesta escénica valórica, conceptual, comprometida y asociada a los intereses y demandas de los espectadores de esta zona; complementada con la generación de productos artísticos con identidad regional. Tercero, encauzado en una labor permanente y sistemática, en favor de la ciudadanía.

Está claro que para que el teatro nazca, se mantenga o resurja no basta estar bajo el paragua de una organización, además, se requiere de la presencia de otras variables sustanciales: liderazgo, capacidad de trabajo en equipo, disciplina, perseverancia, soporte ideológico sólido, amor, pasión, experiencia y condiciones humanas y materiales básicas.

Otro aspecto digno de análisis es el hecho que el teatro es por esencia un fenómeno social que refleja e influye en la realidad objetiva que la sustenta. Por lo mismo, la historia del elenco universitario y de su producción la debemos entender como el resultado de cambios de mentalidades, concurrencia de diferentes paradigmas, demandas, aspiraciones, intereses, emociones, crisis y tensiones, acumuladas en un extenso tiempo por el público destinatario. Más allá de la valoración que podamos hacer de sus realizaciones, estilo y estadio de desarrollo, lo que nos interesa a esta altura resaltar es el significado, la trascendencia y la resignificación que le han dado sus miembros a su quehacer, superando las expectativas y alcances que se le asignó al colectivo en su instauración.

Para concluir, uno de los desafíos actuales del teatro universitario es ampliar y diversificar los públicos, por eso requiere buscar y encontrar otros espacios, otros interlocutores que les permitan a los integrantes compartir y, por qué no, confrontar sus propuestas. Sabemos que aquello es difícil de lograr porque el teatro se ha convertido en una disciplina anacrónica que a la sociedad en su conjunto no le importa; no obstante, quienes estamos en esta trinchera tenemos la convicción de que las disciplinas artísticas sí son un apoyo pedagógico, que estimulan el desarrollo del pensamiento crítico, la sensibilidad y el espíritu colaborativo, entre otros beneficios.

En la medida que seamos capaces de devolverle el arte a la gente, tal como lo hizo el propio Luis Emilio Recabarren que escribía y enseñaba teatro a los obreros del salitre, podremos generar identidad, sobre todo hoy que el teatro está en extinción. Es probable que ese también sea el camino para consolidar la búsqueda de una teatralidad propia, siempre abierta, nunca terminada. Y como toda praxis escénica, de mediar no solamente en el espacio, acaso también en la memoria, el pensamiento y en la sensibilidad de todos aquellos que acuden al encuentro.

Agregar un comentario